
[2004] Edgar Morin, Les Stars: “La mitología de las estrellas se sitúa en una zona mixta y confusa, entre la creencia y la diversión […] El fenómeno de las estrellas es a la vez estético-mágico-religioso, sin ser jamás, sino en el límite extremo, totalmente lo uno o lo otro”.
Actualmente, las celebridades de los demás campos se asemejan a las estrellas de cine, que fueron el primer modelo de mercancía cultural para consumo masivo. La construcción de “personajes” que son escritores, historiadores, críticos, sigue una lógica similar a la de los ídolos del cine: son unos pocos, bien reconocibles, con atributos estereotipados. Y se desarrolla un pequeño culto a su alrededor (no tan pequeño a veces: Paz, Fuentes, García Márquez, Monsiváis), que contribuye a su prestigio y los convierte en modelos remotos. Son valores seguros para citar en una conversación, nadie los va a discutir —¡quién va a decir que a Fuentes no lo lee nadie, que Monsiváis acabó siendo una parodia de sí mismo…! Por eso también se les busca para saber lo que se debe pensar sobre cualquier cosa, al menos, lo que conviene decir para quedar bien en público —así se abre una dimensión vagamente religiosa.
En otros siglos, con muy otra función, había modelos: Tácito, Virgilio, Samuel Johnson, Victor Hugo. Y había escuelas, tradiciones. Esto es otra cosa, que tiene utilidad comercial, política, protocolaria, y con frecuencia una vida corta, muy corta (¿quién se acuerda del último Premio Planeta?).
[2007] Nuestra idea del Estado es de una autoridad soberana, regulada mediante el derecho, responsable de un interés público. Su condición material es la concentración del poder, es decir, el desarme de los demás actores sociales. Ahora bien: en la práctica puede haber Estado sin que desaparezcan los demás poderes sociales: de hecho, es lo que sucede siempre —la sociedad produce otras reglas, otros órdenes, otras formas de autoridad en competencia a veces beligerante con la legalidad. El Estado tiene más o menos poder, según las circunstancias.
En teoría, el Estado impone una lógica ajena a los intereses particulares: impersonal, burocrática, legal. En la práctica, esa lógica entra en conflicto con otras, y produce resultados ambiguos. Normalmente existen modos de negociar ese tipo de conflictos: en particular, en los espacios de representación política (formal e informal: casi siempre las dos cosas). Los diferentes poderes participan así en el intento de definir el interés público, que deja de ser una entidad abstracta, racional, y se llena de contenidos muy concretos.
El Estado como organización puede tener más o menos atribuciones legales, y más o menos recursos para hacerse cargo de ellas: recursos económicos, técnicos, administrativos. Eso no dice nada de su poder, es decir, de su capacidad para imponerse efectivamente, porque no dice nada de los demás poderes sociales.
El poder es siempre un problema de relación: quién tiene en un momento dado capacidad para imponer su punto de vista, su interés, y sobre quién y hasta dónde. La imaginación moderna supone que al final quien puede es el Estado. Y del Estado se aprecia sobre todo la estatalidad, la capacidad para mantenerse apegado a las reglas, e imponer a los demás el cumplimiento de esas reglas: el problema está en dar por supuesto que eso sucede, incluso que eso puede suceder de manera natural.
[2022] Descripción. Caigo en la cuenta de que lo que realmente me interesa son las descripciones. Por eso los viejos libros de historia, las etnografías (casi siempre las viejas: Malinowski, Pitt-Rivers, James Faris, Colin Turnbull), por eso algunos diarios como el de Plá, y con frecuencia cierta clase de literatura, de la que hoy resulta anticuada (Balzac, Azorín, Pardo Bazán, George Elliot). Me interesa la descripción del mundo, de la gente —y cuanto más detallada, mejor. La interpretación en general me sobra, salvo que sea particularmente incisiva, sensata (sobre todo eso: ¡sensata!), y ambigua. La descripción normalmente se abre a muchas interpretaciones, todas posibles, todas en general compatibles. Por eso es interesante.
“Los críticos patriotas les inventan genios a las literaturas pobres.
Nada daña más el gusto que el patriotismo”.
Nicolás Gómez Dávila
Fernando Escalante
Entre sus libros: México: El peso del pasado. Ensayo de interpretación, La mirada de Dios y Perplejos y descarriados. Esperpento (Cal y Arena, 2026).